Hoy se cumplen 25 años del terremoto de 7.7 Mw que sacudió El Salvador el 13 de enero de 2001, un sismo que duró 45 segundos pero cambió la historia del país. Con epicentro frente a la costa de Usulután, el fenómeno dejó 944 fallecidos, más de 5,645 heridos, 125 desaparecidos y 1.3 millones de damnificados, según datos de Protección Civil y CEPAL. El departamento de La Libertad, especialmente la colonia Las Colinas en Santa Tecla, se convirtió en el símbolo del dolor: un alud enterró cientos de viviendas y vidas, con un saldo de entre 485 y 600 muertes en esa zona.
El terremoto destruyó 108,000 viviendas, dañó otras 170,000 y afectó 1,155 edificios públicos, incluyendo escuelas, hospitales e iglesias coloniales. Las pérdidas económicas superaron los $1,600 millones (más del 10% del PIB de entonces). Un mes después, el 13 de febrero, un nuevo sismo de 6.6 Mw agravó la tragedia, elevando el total de víctimas a 1,259 fallecidos.
¿Qué lecciones dejó el terremoto sobre corrupción y reconstrucción?

El gobierno de Francisco Flores (ARENA) enfrentó acusaciones de desvío de fondos: alrededor de $10-15 millones donados por Taiwán para la reconstrucción fueron entregados «en saquitos» a alcaldes, sin transparencia. El escándalo profundizó la desconfianza en las instituciones y dejó a miles de víctimas sin la ayuda prometida.
Hoy, El Salvador cuenta con más de 60 estaciones sísmicas y sistemas de alerta temprana, pero el aniversario del 13 de enero recuerda la urgencia de prevenir: normas antisísmicas, evitar construcciones en laderas inestables y planes familiares de emergencia. «El próximo sismo no avisa», advierten expertos.
Organizaciones de sobrevivientes y familiares exigen justicia, memoria y resiliencia. En Las Colinas, hoy un memorial recuerda a los desaparecidos, mientras el país reflexiona sobre cómo construir un futuro más seguro.


Deja una respuesta