En diciembre de 2025, el presidente Donald Trump actualizó su «Presidential Walk of Fame» en el Colonnade de la Casa Blanca con placas doradas que describen a los expresidentes. Instalado inicialmente en septiembre, este pasillo incluye retratos de todos los mandatarios, excepto Joe Biden (reemplazado por una foto de un autopen). Las nuevas placas, muchas escritas personalmente por Trump, elogian sus logros y lanzan críticas directas y partidistas a rivales, especialmente demócratas, en un estilo similar a sus posts en redes sociales.
El artículo
Donald Trump no deja de sorprender con su estilo personal y sin filtros, incluso en los espacios más simbólicos de la Casa Blanca. El 17 de diciembre de 2025, la administración reveló las nuevas placas explicativas en el «Presidential Walk of Fame», un pasillo exterior en el West Wing Colonnade que Trump creó en septiembre como un tributo a los presidentes de EE.UU., con marcos dorados ostentosos que recuerdan al lujo de sus propiedades.
Lo que podría haber sido un homenaje neutral se convirtió en una galería de revanchas políticas. En lugar de descripciones históricas objetivas, las placas adoptan el tono hiperbólico y combativo de Trump: insultos, apodos clásicos y narrativas alternativas que alinean con sus grievances favoritos.
El caso más extremo es Joe Biden: no tiene retrato presidencial, sino una foto de una máquina autopen firmando su nombre (una burla recurrente de Trump a la edad y capacidad de Biden). Las placas lo destrozan: «Sleepy Joe Biden was, by far, the worst President in American History». Lo acusan de entrar al poder por «la elección más corrupta», causar inflación récord, desastre en la frontera y Afganistán, y tener un «severe mental decline» cubierto por los medios. Termina celebrando que Trump lo derrotó en un «landslide» y «salvó América».
Barack Obama no sale mejor parado: lo llaman «one of the most divisive political figures in American History», lo acusan de espiar su campaña en 2016, crear el «Russia Hoax» y firmar acuerdos malos como el de París o Irán.
Incluso republicanos como George W. Bush reciben toques críticos por «guerras que no deberían haber ocurrido» en Irak y Afganistán. Bill Clinton es recordado por escándalos y por la derrota de Hillary en 2016. En cambio, las placas de Trump (tiene dos, una por cada mandato) son puro autoelogio, y Ronald Reagan es presentado como un «fan» mutuo.
La portavoz Karoline Leavitt defendió las placas como «descripciones elocuentes», muchas escritas por el propio Trump. Críticos las ven como un abuso partidista en un espacio histórico, que rompe con la tradición de neutralidad en la Casa Blanca.
Este «Walk of Fame» no es solo decoración: es Trump reescribiendo la historia a su imagen, en bronce y oro, para que visitantes y dignatarios extranjeros lo vean. Pura trolleada presidencial, vintage Trump.




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