La presidenta Xiomara Castro enfrenta su mayor crisis diplomática tras emitir el Decreto No. 58-2025, que ordena un recuento «voto por voto» de las elecciones del 30 de noviembre de 2025 en Honduras. La medida, que anula la victoria certificada de Nasry Asfura por el Consejo Nacional Electoral (CNE), ha desencadenado un rechazo internacional sin precedentes. Observadores como la OEA y la UE validaron el proceso electoral, descartando fraude y señalando solo fallas técnicas. Sin embargo, Castro insiste en impugnar los resultados, lo que ha generado una ola de condenas lideradas por Estados Unidos, que advierte de «serias consecuencias» si persiste en su intento de revertir la voluntad popular.
El decreto no solo cuestiona la legitimidad del CNE, sino que también pone en riesgo la estabilidad política de Honduras. La comunidad internacional, incluyendo a aliados históricos de Castro, ha optado por respaldar a Asfura, dejando al gobierno de Libre en una posición de vulnerabilidad extrema.
EE. UU. AMENAZA con SANCIONAR a Honduras
La postura de Washington es clara y contundente: el Departamento de Estado reconoció a Nasry Asfura como presidente electo y advirtió que cualquier intento de alterar los resultados tendrá repercusiones graves. En un comunicado oficial, se destacó que «las voces de 3.8 millones de hondureños han hablado», respaldando la certificación del CNE. Esta posición se alinea con la administración Trump, que ya había mostrado su apoyo a Asfura durante la campaña y otorgó un perdón presidencial a Juan Orlando Hernández (JOH) en noviembre de 2025, liberándolo de una condena por narcotráfico.
Castro ha denunciado «injerencia extranjera», pero la presión de EE.UU. podría traducirse en sanciones económicas o diplomáticas, afectando directamente las remesas, que representan el 20% del PIB hondureño. Además, el contraste con El Salvador es evidente: mientras Nayib Bukele mantiene una relación sólida con Trump y logra extensiones del TPS para salvadoreños, Honduras enfrenta un escenario de incertidumbre que podría agravar su crisis económica y migratoria.
El regreso de JOH al escenario político ha sido otro golpe para Castro. El exmandatario, ahora libre tras el perdón de Trump, acusó al gobierno de Libre de tener vínculos con el narcotráfico y defendió su gestión como un éxito en la lucha contra el crimen organizado. En un mensaje público, JOH criticó duramente a Castro, calificando su discurso de «mentiras» y reafirmando su inocencia. Su intervención no solo fortalece la narrativa de Asfura, sino que también debilita la credibilidad de Castro, especialmente entre sectores que antes la respaldaban.
¿Quiénes apoyan a Nasry Asfura y por qué?
Ocho naciones latinoamericanas —Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Paraguay, Perú y República Dominicana— emitieron un comunicado conjunto rechazando el decreto de Castro. Este respaldo regional, que incluye a gobiernos de izquierda como el de Bolivia, demuestra un consenso inusual: la defensa de la institucionalidad por encima de afinidades ideológicas. La ausencia de pronunciamientos de aliados tradicionales como Venezuela, Nicaragua y Cuba profundiza el aislamiento de Castro, quien ahora carece de respaldo internacional.
Internamente, las Fuerzas Armadas de Honduras también se alinearon con el CNE, lo que limita cualquier posibilidad de que Castro imponga el recuento por la fuerza. El jefe del Estado Mayor Conjunto, Héctor Valerio, ratificó el respeto a los resultados electorales, evitando así una escalada violenta. Sin embargo, la fractura institucional persiste, y el riesgo de un vacío de poder crece a medida que se acerca la fecha de transición, prevista para el 27 de enero.
Para El Salvador, la crisis en Honduras resalta los logros del régimen de excepción de Nayib Bukele, que ha reducido los homicidios a mínimos históricos. Mientras Honduras enfrenta tensiones políticas y sociales, El Salvador se posiciona como un destino más estable para la inversión y la diáspora. No obstante, la situación podría afectar a los cerca de 10,000 salvadoreños que residen en Honduras, especialmente si la inestabilidad interrumpe el comercio o aumenta los flujos migratorios.
La diáspora salvadoreña, con fuertes lazos familiares y económicos en Honduras, observa con preocupación el desarrollo de los eventos. Una escalada en la crisis podría tener repercusiones directas en sus vidas, desde interrupciones en el envío de remesas hasta restricciones en el movimiento fronterizo.




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