El pastor Gonzalo López, de 88 años, fue encontrado sin vida este martes 3 de febrero de 2026 en una habitación de un hotel ubicado en la zona 1 de Quetzaltenango (calle Rodolfo Robles, entre 16ª y 17ª avenida). No presentaba signos visibles de violencia. Según información preliminar de las autoridades, se presume que la causa de muerte fue un problema cardíaco, aunque el INACIF aún realiza la autopsia correspondiente.
El pastor, originario de San Cristóbal Totonicapán, era miembro de la Iglesia de Dios Pentecostal Voz en el Desierto. Estaba acompañado por una mujer que no es familiar y quien pidió auxilio al personal del hotel al notar que se desmayó.
Mensaje oficial de la iglesia
La Misión Iglesia de Dios Pentecostal Voz en el Desierto (Brooklyn, Nueva York) emitió el siguiente comunicado en memoria del pastor:
“QUIEN EN VIDA FUE Pastor Gonzalo López 1938 – 2026
Nos unimos al profundo dolor y tristeza que embarga a toda la familia LOPEZ BARRIOS y a toda la congregación en Cristo Jesús, hacemos extensivas nuestras más sinceras condolencias.
LUGAR: SAN CRISTOBAL TOTONICAPAN GUATEMALA C.A.
2 Timoteo 4:7 – He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.
Filipenses 1:21 – Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.”
Pastor «verdadero cristiano»
Ante esta noticia, en redes sociales han surgido comentarios de todo tipo. Uno de los más repetidos es algo así:
“Un verdadero cristiano / un pastor no anda en esas cosas. Si era de Dios, no habría estado ahí.”
Pero ¿qué dice realmente la Biblia al respecto? ¿Acaso la fe, el título de pastor o muchos años de servicio libran a alguien de poder pecar?
La Escritura es tajante en varios pasajes:
- Romanos 3:23
“por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios” - 1 Juan 1:8
“Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” - El mismo apóstol Pablo, después de décadas sirviendo a Cristo, escribió:
Romanos 7:19
“Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago.”
Ni David (rey y “varón conforme al corazón de Dios”), ni Pedro (apóstol), ni Pablo mismo estuvieron libres de caer. Ser creyente no elimina la naturaleza humana caída; lo que hace la fe es darnos perdón, restauración y poder para pelear contra el pecado… pero nunca nos vuelve impecables mientras vivamos en este cuerpo.
La Biblia no nos llama a especular sobre el corazón o las circunstancias privadas de nadie. Nos llama a examinarnos a nosotros mismos, a vivir en humildad y a recordar que todos necesitamos la gracia de Dios cada día.



