El periodista Mario Guevara regresó a El Salvador tras vivir más de dos décadas en Estados Unidos, país de donde fue deportado recientemente. La medida ocurrió luego de que las autoridades estadounidenses lo arrestaran mientras documentaba una protesta del movimiento No Kings, en un operativo donde el comunicador terminó bajo custodia. Según los registros del caso, Guevara pasó de ser un reportero reconocido con un premio Emmy en 2021 a ser catalogado como una supuesta amenaza por el gobierno.
Durante el proceso, el sistema judicial revocó su permiso de trabajo y estatus legal a pesar de tener una trayectoria profesional destacada y arraigo familiar en Georgia. El afectado relató que su labor de supervisión hacia los agentes de inmigración fue lo que detonó la persecución en su contra. «La detención mía es una clara violación a la libertad de prensa, porque a mí no me agarraron cometiendo delitos», afirmó Guevara sobre su experiencia.
Libertad de prensa en vilo
Tras el arresto, Guevara enfrentó 112 días de prisión, incluyendo un periodo de confinamiento solitario que describió como una forma de tortura emocional. Aunque su equipo legal contó con el apoyo de organizaciones de derechos civiles, las mociones presentadas por la fiscalía bloquearon cualquier posibilidad de fianza. El gobierno argumentó que sus coberturas exponían a agentes encubiertos, lo que justificó su traslado por seis centros de detención distintos antes de su salida final.
Finalmente, el comunicador fue enviado al territorio salvadoreño en un vuelo federal junto a otros 135 compatriotas el pasado octubre. Actualmente, Guevara ha retomado su formación académica en el país, decidido a mantener activa su carrera en el periodismo a pesar de la separación de su esposa e hijos, quienes permanecen en Atlanta. Su caso ha generado debate internacional sobre los límites del ejercicio informativo y el trato hacia los reporteros extranjeros en suelo norteamericano.


