El Salvador | 07 de septiembre, 2026 | 10:11 AM GMT-6

VIDEO. Protección Civil: Cultura preventiva desmitifica temblores por «castigo divino»

¿Temblores por "castigo divino"? 🌍 Protección Civil plantea un cambio cultural desde la infancia: cambiar el mito por prevención y ciencia. IA

“La cultura de prevención es una de las apuestas en materia de reducción de desastres, que los niños dejen de pensar que tiembla por castigo divino”,

afirmó el director de Protección Civil, Luis Alonso Amaya. Con estas palabras, el funcionario colocó sobre la mesa un reto que va más allá de la logística operativa ante las emergencias: la transformación de los marcos conceptuales y psicológicos con los que la población procesa los fenómenos de la naturaleza.

Históricamente, en El Salvador y el resto de América Latina, los sismos, las inundaciones y otras perturbaciones climáticas han sido interpretados bajo una fuerte matriz providencialista y fatalista. El imaginario colectivo, fuertemente permeado por dogmas y creencias religiosas tradicionales, suele asociar la fuerza de los elementos con una respuesta trascendental o un castigo ante las acciones humanas.

Esta visión mística, transmitida de generación en generación, tiende a diluir la percepción de las responsabilidades estrictamente terrenales —tales como la falta de ordenamiento territorial, la precariedad de la infraestructura habitacional y escolar, o la nula planificación urbana—, transformando un problema de gestión de riesgo en una resignada aceptación del desastre.

Temblores: Ciencia vs creencia

Para contrarrestar este arraigo cultural, la estructura del Sistema Nacional de Protección Civil persigue un enfoque basado en el fortalecimiento técnico e interinstitucional. De acuerdo con el balance oficial, el trabajo coordinado con el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN) busca robustecer la elaboración de pronósticos y perspectivas climáticas mediante el uso de modelos numéricos de orden internacional.

La finalidad declarada de estas herramientas es dotar a las instituciones de una mayor certeza científica en el corto, mediano y largo plazo, permitiendo establecer alertas tempranas según las condiciones lo ameriten.

El planteamiento de la gestión pública actual se sostiene en la transición hacia un denominado Plan Nacional de Reducción de Riesgo de Desastres, un instrumento técnico que aspira a sustituir el enfoque puramente reactivo de los antiguos planes de contingencia.

Al evaluar los antecedentes históricos, las autoridades señalaron que desde 1990, año en que se instituyó internacionalmente el primer decenio para la reducción de desastres naturales, los avances interinstitucionales prácticos en el país fueron deficientes, afirmando que en dicho periodo «relativamente nada» cambió.

El desafío actual de los organismos de primera respuesta radica, por tanto, en lograr que la modernización de los datos técnicos se traduzca en una verdadera educación escolar que rompa con el fatalismo ante los fenómenos geológicos.