El debate sobre la construcción del nuevo Centro Internacional de Ferias y Convenciones (CIFCO) en las cercanías de El Espino escaló este fin de semana luego de que Ibrajim Bukele, hermano del presidente Nayib Bukele, defendiera públicamente la visión del Gobierno y cuestionara a quienes se oponen al proyecto por razones ambientales.
A través de una serie de publicaciones en la red social X, Ibrajim Bukele sostuvo que la discusión sobre la tala de árboles y el impacto ecológico del proyecto está siendo utilizada políticamente por sectores opositores de cara al próximo ciclo electoral.
«Que no le den paja con El Espino. Son 5 manzanas en un área con árboles de los 70s. Donde ya se separó del bosque original con la Monseñor Romero y otras construcciones que tienen décadas también. Fuera del área protegida decretada en 1993», escribió.
El empresario y hermano del mandatario planteó que la conservación ambiental debe abordarse desde una visión más amplia, centrada en la creación de corredores biológicos y la recuperación de ecosistemas completos, en lugar de concentrarse exclusivamente en el área donde se desarrollará la obra.
«Si uno siembra árboles en la periferia de un bosque, solo suma. Si uno conecta bosques multiplica», afirmó.
Como ejemplo, mencionó que la construcción del viaducto de Los Chorros permitiría conectar el área de El Espino con la Cordillera del Bálsamo, generando un corredor biológico entre ecosistemas que, según él, permanecen separados desde hace décadas.
«Después de la construcción del viaducto de Los Chorros, se podrá conectar el área del Espino con la cordillera del Bálsamo. Bosques que han estado separados desde hace décadas».
También señaló que el Gobierno trabaja en otro corredor ecológico entre los manglares de Barra de Santiago y el Parque Nacional El Imposible.
Sin embargo, el aspecto más político de sus declaraciones apareció cuando vinculó las críticas al proyecto con una estrategia impulsada por sectores opositores.
«Pero como es ‘cool’ estar en contra del ‘poder’ en el distrito 3 de la capital, donde vive la gente con dinero, muchos se quieren sumar a la campaña orquestada por la oposición en año preelectoral».
La afirmación introduce un nuevo elemento en la controversia: la narrativa gubernamental de que las protestas contra el proyecto no responden únicamente a preocupaciones ambientales, sino que forman parte de una agenda política dirigida a desgastar la imagen del Ejecutivo.
La disputa por el relato ambiental
En sus publicaciones, Ibrajim Bukele sostuvo que el principal problema ecológico del país no está relacionado con el desarrollo urbano, sino con los modelos de producción agrícola.
«95% de la deforestación no es por el espacio habitable de los humanos, es por la producción de comida».
Asimismo, cuestionó los efectos históricos de la Reforma Agraria sobre la fragmentación de las parcelas agrícolas y defendió sistemas de producción más concentrados, acompañados de lo que denominó «bosques de comida».
El empresario también atribuyó buena parte de la degradación ambiental a los incendios forestales y agrícolas.
«El problema principal son los incendios rurales, agrícolas o premeditados».
En una de sus declaraciones más polémicas, afirmó que muchos de estos incendios son provocados por personas de escasos recursos, señalando que existe una resistencia social a abordar ese problema.
«Que también son causados por gente pobre. Pero como repito, no es sexy irle a manifestar a un campesino».
Un debate que trasciende el CIFCO
Las declaraciones ocurren en un momento en que organizaciones ambientalistas, urbanistas y ciudadanos han expresado preocupación por la reducción de áreas verdes en una de las zonas más valoradas ambientalmente del Área Metropolitana de San Salvador.
Mientras los críticos sostienen que el proyecto representa una nueva presión sobre los remanentes boscosos de El Espino, el oficialismo y sus simpatizantes argumentan que la obra forma parte de una estrategia de desarrollo más amplia y que su impacto es reducido en comparación con otros factores estructurales que afectan al medio ambiente.
La intervención de Ibrajim Bukele refleja además cómo el debate ha dejado de ser exclusivamente ambiental para convertirse en una disputa política sobre quién controla el relato público: si se trata de una amenaza ecológica impulsada por decisiones gubernamentales o de una campaña de oposición que busca convertir un proyecto emblemático en un símbolo de confrontación electoral.
Con el inicio del período preelectoral acercándose, el futuro del nuevo CIFCO parece perfilarse no solo como una obra de infraestructura, sino también como uno de los nuevos frentes de batalla en la discusión política nacional.

