El 22 de julio de 2025, el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, publicó en su cuenta de X (antes Twitter) un mensaje que resonó en toda Latinoamérica:
“Ahora gritan y se indignan, pero no porque estén en desacuerdo con el trato, sino porque acaban de darse cuenta de que se quedaron sin rehenes del país más poderoso del mundo”.
La declaración llegó tras la liberación de diez ciudadanos estadounidenses detenidos en Venezuela, un episodio que marcó un punto de inflexión en la ya tensa relación entre Bukele y el presidente venezolano, Nicolás Maduro.
El contexto era claro: el régimen de Maduro había aceptado un acuerdo de intercambio que incluyó la liberación de los rehenes estadounidenses, pero, según Bukele, solo lo hizo porque no tenía otra opción.
“El régimen de Maduro estaba satisfecho con el acuerdo de intercambio; por eso lo aceptaron”,
escribió el mandatario salvadoreño, dejando en evidencia que, para Caracas, la pérdida de los rehenes significaba la pérdida de su principal herramienta de presión internacional.
La captura de Maduro en 2026: el desenlace de una década de tensiones
El 3 de enero de 2026, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar sin precedentes en Caracas, resultando en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. El entonces presidente Donald Trump confirmó que ambos fueron trasladados a territorio estadounidense para enfrentar cargos por narcoterrorismo y otros delitos. Trump declaró que Estados Unidos «dirigirá» Venezuela temporalmente hasta que se logre una transición ordenada, y que la vicepresidenta venezolana, Delcy Rodríguez, había aceptado colaborar con Washington.
Este evento confirmó lo que Bukele ya había anticipado en 2025: el régimen de Maduro había perdido su capacidad de negociación internacional, especialmente tras la liberación de los rehenes estadounidenses.
¿Por qué Maduro llamó a Bukele el «Netanyahu de Latinoamérica»?
En junio de 2025, Nicolás Maduro escaló el tono de sus críticas contra Bukele, tachándolo de “monstruo” y comparándolo con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu. “Nayib Bukele se ha transformado en un monstruo de baja monta, es el Netanyahu de Latinoamérica”, declaró Maduro, en referencia a la política de mano dura del salvadoreño, especialmente por la detención de 252 migrantes venezolanos en el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), la megacárcel construida por Bukele para albergar a presuntos miembros de pandillas.
La respuesta de Bukele fue contundente y breve: un emoji de risa, “😂”, que se volvió viral y que, según analistas, reflejó su estrategia de comunicación: minimizar las críticas con ironía mientras consolidaba su imagen de líder inquebrantable.
El origen del conflicto: la expulsión diplomática de 2019
La relación entre Bukele y Maduro se deterioró desde el inicio del mandato del salvadoreño. En noviembre de 2019, Bukele ordenó la expulsión de todo el cuerpo diplomático venezolano en El Salvador, argumentando que su gobierno no reconocía la legitimidad de Maduro y, en cambio, apoyaba a Juan Guaidó como presidente interino de Venezuela. La decisión fue aplaudida por Estados Unidos y criticada por Caracas, que respondió con la expulsión de los diplomáticos salvadoreños en Venezuela, acusando a Bukele de ser un “peón” de la política exterior estadounidense.
El comunicado oficial de la presidencia salvadoreña dejó claro que la medida estaba alineada con la posición de la OEA y el informe de la Alta Comisionada de Derechos Humanos, Michelle Bachelet, que denunciaba violaciones sistemáticas de derechos humanos en Venezuela. Bukele, en ese momento, no solo rompió relaciones, sino que invitó a la oposición venezolana a establecer una representación diplomática en El Salvador, profundizando la brecha con Maduro.
¿Qué pasó con los migrantes venezolanos en El Salvador?
En 2025, la tensión alcanzó un nuevo nivel cuando Estados Unidos deportó a 252 migrantes venezolanos a El Salvador, acusándolos de pertenecer al Tren de Aragua, una organización criminal. Bukele los recluyó en el CECOT, lo que generó una ola de críticas internacionales y una investigación de la Fiscalía venezolana por presuntos abusos y torturas. Maduro exigió su liberación inmediata, mientras Bukele propuso un “acuerdo humanitario”: intercambiar a los venezolanos por un número igual de “presos políticos” detenidos en Venezuela.
La propuesta fue rechazada por Caracas, que denunció el trato a los migrantes como un “crimen de lesa humanidad”. Bukele, por su parte, defendió el acuerdo con EE.UU., argumentando que los venezolanos detenidos en El Salvador eran miembros de pandillas, mientras que los “presos políticos” en Venezuela no habían cometido delitos.
¿Cuál fue el papel de Estados Unidos en este conflicto?
La relación entre Bukele y Maduro siempre estuvo mediada por Washington. Desde 2019, Bukele se alineó con la administración Trump, recibiendo elogios por su cooperación en la lucha contra la migración irregular y el crimen organizado. En 2025, esta alianza se consolidó con la deportación de migrantes venezolanos a El Salvador, un movimiento que Trump justificó usando una ley de 1798, normalmente reservada para tiempos de guerra.
Bukele, por su parte, se benefició de esta alianza, recibiendo apoyo político y económico, incluso cuando su gobierno enfrentó críticas por violaciones a los derechos humanos. La captura de Maduro en 2026 y la posterior liberación de los rehenes estadounidenses dejaron al régimen venezolano sin su principal carta de negociación, tal como lo señalara Bukele en su tuit viral de 2025.
¿Qué sigue para Bukele y Maduro?
Con Maduro bajo custodia de EE.UU. y Bukele consolidando su poder en El Salvador —incluso con reformas constitucionales que le permiten la reelección indefinida—, el futuro de esta relación parece escrito. Bukele ha demostrado que su estrategia de comunicación, basada en la ironía y la confrontación directa, le ha permitido mantenerse como una figura central en la política regional, mientras Maduro queda relegado a un papel de resistencia simbólica desde su detención.
El cruce entre Nayib Bukele y Nicolás Maduro es un reflejo de las tensiones geopolíticas en Latinoamérica, donde la alianza con Estados Unidos y la defensa de la soberanía se enfrentan en un ring digital. Las declaraciones de 2025, especialmente el tuit de Bukele sobre los rehenes, marcaron el punto culminante de una década de rifirrafes, pero también dejaron claro que, en la era de las redes sociales, la última palabra la tiene quien mejor maneje el mensaje.




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