El CECOT llegó a Costa Rica para enfrentar y frenar la espiral de violencia que ha disparado los homicidios a niveles récord, con casi 900 casos al año impulsados por el narcotráfico y el crimen organizado. Ha sido el mismo presidente de El Salvador, Nayib Bukele, el encargado de la colocación de la primera piedra del Centro de Alta Contención de Crimen Organizado (CACCO), un acto cargado de mucho simbolismo que tendrá lugar mañana miércoles 14 de enero de 2026 en los terrenos de La Reforma, Alajuela.
Bukele aterrizó este martes 13 de enero en el aeropuerto Juan Santamaría, donde fue recibido con honores por la vicepresidenta Mary Munive, el canciller Arnoldo André y la embajadora de El Salvador en Costa Rica, Diana Vanegas. Su presencia marca la exportación directa del modelo salvadoreño de máxima seguridad: el Centro de Confinamiento del Terrorismo (CECOT), que ha confinado a decenas de miles de pandilleros en condiciones de aislamiento extremo, se convierte ahora en inspiración para el Centro de Alta Contención de Crimen Organizado (CACCO) costarricense.
La relación entre ambos mandatarios es estrecha y creciente. En noviembre de 2024, Bukele ya había visitado La Reforma junto a Rodrigo Chaves, alertando sobre «síntomas» de criminalidad similares a los que precedieron la crisis pandillera en El Salvador. Más recientemente, en diciembre de 2025, fue Chaves quien viajó a El Salvador: se reunió con Bukele, firmaron una «alianza histórica» para combatir el crimen organizado (la «Escudo de las Américas») y recorrió el CECOT —acompañado por ministros salvadoreños como Gustavo Villatoro y René Francis Merino, ya que Bukele no participó directamente en el tour—. Chaves elogió los «avances y resultados» de la estrategia bukelesca, afirmando que «la firmeza contra las estructuras criminales debe ser una política de Estado prioritaria» y que El Salvador ofrece «una lección» valiosa, aunque respetando la institucionalidad costarricense.
Este proyecto CACCO, adjudicado por vía de emergencia y con un costo aproximado de 35 millones de dólares, se levanta en el complejo penitenciario de La Reforma con una capacidad para 5.100 reclusos distribuidos en cinco módulos (alrededor de 1.020 por módulo). Incluye celdas de aislamiento, puestos de vigilancia múltiples, controles estrictos para cortar comunicaciones de líderes criminales desde prisión y medidas para prevenir fugas y violencia interna. Está diseñado específicamente para los presos de mayor peligrosidad: capos del narco, sicarios, extraditables y reos altamente violentos.
El CECOT en El Salvador ha transformado radicalmente la sociedad: desde su apertura en 2023, el régimen de excepción y las capturas masivas (más de 85.000 detenidos) han reducido los homicidios en más del 98% (de tasas altísimas en 2015-2018 a mínimos históricos en 2024-2025), devolviendo la paz a barrios antes controlados por pandillas como MS-13 y Barrio 18. Bukele ha defendido este logro con frases contundentes, como en junio de 2025: “Me tiene sin cuidado que me llamen dictador. Prefiero que me llamen dictador a ver cómo matan a los salvadoreños en las calles. Prefiero eso a leer: ‘asesinato, asesinato, asesinato’”. Ha enfatizado que prioriza resultados concretos —salvar vidas y restaurar la seguridad— sobre críticas semánticas o acusaciones de autoritarismo, lo que le ha valido una aprobación popular superior al 80-85% en encuestas recientes.
Este impacto ha trascendido fronteras: el «modelo Bukele» inspira a líderes en la región y más allá (como en Ecuador, Guatemala o incluso figuras de derecha en Argentina y Europa), con el CECOT como símbolo de mano dura efectiva contra el crimen organizado. Sin embargo, genera fuerte controversia internacional por denuncias de abusos, torturas, detenciones arbitrarias (incluyendo inocentes liberados después) y violaciones a derechos humanos en prisiones como el CECOT, criticadas por organizaciones como Human Rights Watch y Cristosal.
La visita de Bukele —su segunda en poco tiempo— ocurre en plena campaña electoral rumbo a las municipales del 1 de febrero de 2026. El gobierno de Chaves defiende el CACCO como respuesta urgente a la crisis de seguridad que ha transformado a Costa Rica de oasis pacífico a zona de disputas narco. Bukele ha dicho que, con continuidad en estas políticas, «los mejores días de Costa Rica están por venir: una nación más segura y próspera».
Sin embargo, el simbolismo genera fuerte controversia. Organizaciones de derechos humanos y la oposición critican el giro hacia la «mano dura» bukelesca, argumentando riesgos de violaciones a estándares humanitarios y posibles choques con la Constitución y tratados internacionales de Costa Rica. El nombre CACCO ya provoca burlas por sonar como «caco» (ladrón en jerga tica), y el TSE rechazó intentos de prohibir la visita, pero advirtió que Bukele no puede intervenir en asuntos electorales.
Con Bukele colocando la primera piedra mañana —posiblemente acompañado de actos oficiales y hasta conferencia de prensa desde el sitio—, el «efecto Bukele» deja de ser solo discurso: se materializa en cemento y acero en suelo costarricense. ¿Adaptación necesaria o riesgo autoritario? La respuesta se construye día a día, empezando por este acto simbólico que muchos ven como el inicio de una nueva era en la lucha contra el crimen en la región.




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