En la tranquila ciudad universitaria de Davis, California, un joven salvadoreño llegó a encarnar el terror en su forma más cruda y desconcertante. Carlos Reales Domínguez, originario de El Salvador y traído a Estados Unidos a los seis años en un viaje marcado por el desarraigo y la inestabilidad, se convirtió en 2023 en el epicentro de una serie de apuñalamientos que sacudieron a una comunidad acostumbrada a la paz académica.
Dos hombres murieron de manera brutal, y una mujer sobrevivió de milagro, todo ello bajo el velo de delirios psicóticos que Domínguez atribuyó a «cambiantes de forma» (shape-shifters), figuras sombrías que, según él, lo acechaban.
Este caso no solo resalta las complejidades de la migración centroamericana, sino que también pone en tela de juicio el sistema psiquiátrico y judicial estadounidense, como lo analiza el profesor Darrell Hamamoto en su disertación del 18 de enero de 2026.
Domínguez representa un capítulo doloroso en la historia de la diáspora salvadoreña, esa que ha enviado a millones a buscar refugio en el norte, huyendo de la violencia y la pobreza exacerbadas por intervenciones extranjeras.
De estudiante modelo a asesino serial
Nacido en El Salvador durante una era de turbulencia civil –marcada por la guerra civil de los 80 y 90, influida por intervenciones estadounidenses que, según Hamamoto, incluyeron «desestabilización del país con lo que ahora se conoce como cambio de régimen»–, Domínguez fue «traficado como niño» a los seis años.
Llegó a Laredo, Texas, y fue reunido con sus padres en Oakland, California, una zona de alta concentración de inmigrantes latinos. Su madre, originaria de Nicaragua, y su padre salvadoreño, lo criaron en un entorno de comunidades migrantes, pero el joven nunca se sintió cercano a ellos; en cambio, añoraba a sus abuelos en El Salvador, quienes lo habían criado inicialmente.
Como muchos hijos de la diáspora, Domínguez parecía encajar en el sueño americano: estudiante modelo en la secundaria de Oakland con un promedio de 3.85, ingresó a la prestigiosa Universidad de California en Davis (UC Davis) en 2020, beneficiado por programas especiales para inmigrantes indocumentados. Hamamoto, exprofesor de UC Davis con más de dos décadas en la institución, destaca este aspecto con ironía crítica:
«UC Davis incluso tiene un edificio multimillonario, de menos de 10 años, dedicado específicamente a inmigrantes ilegales».
Sin embargo, el éxito aparente se desmoronó. Domínguez fue expulsado por razones académicas en abril de 2023, justo antes de los ataques, y entró en probation académica al menos una vez, señal de un deterioro que nadie anticipó.
Carlos Reales Domínguez, una semana de terror
Los hechos ocurrieron en menos de una semana, entre finales de abril y principios de mayo de 2023, en parques públicos de Davis, una ciudad de 70.000 habitantes conocida por su herencia ciclista y su ambiente progresista.
La primera víctima fue David Breaux, de 50 años, un graduado de Stanford apodado «el tipo de la compasión», un hombre sin hogar que pedía a los transeúntes definiciones de compasión en el Central Park. Fue apuñalado múltiples veces el jueves.
El sábado, Karim Abou Najm, un estudiante de 20 años de ciencias de la computación a punto de graduarse y con un futuro en Silicon Valley, fue atacado en Sycamore Park mientras regresaba en bicicleta de un evento universitario.
Un médico vecino oyó los gritos y trató de salvarlo, pero falló. Finalmente, una mujer de 62 años, sin hogar, fue acuchillada a través de su carpa cerca de las vías del tren; sobrevivió, pero con heridas graves.
Hamamoto enfatiza la severidad de estos actos en su análisis, describiéndolos como «ataques particularmente brutales y violentos», citando reportes policiales y mediáticos.
«La policía describe los ataques como particularmente violentos y descarados», dice, refiriéndose a la cobertura nacional de ABC News y CBS 13.
En una cita textual que resalta la crudeza: «El ataque fue tan brutal. Fue con un cuchillo, realizado con un cuchillo. Los investigadores policiales recuperaron después un cuchillo de caza».
Y agrega, subrayando el horror: «Fue apuñalado hasta la muerte múltiples veces, muchas, muchas veces. No voy a entrar en los detalles macabros». Estos detalles no solo pintan un cuadro de violencia extrema, sino que evocan comparaciones con famosos «slashers» como Brian Kohberger en la Universidad de Idaho, otro caso que Hamamoto analiza como parte de un patrón más amplio.
El juicio de Carlos Reales Domínguez ha sido un laberinto de controversias psiquiátricas. En el primer trial, en 2025, se declaró no culpable por razón de insanidad, diagnosticado con esquizofrenia. Jurados lo absolvieron de asesinato en primer grado, pero se estancaron en segundo grado, llevando a un mistrial en junio de 2025.
Hamamoto, escéptico del «modelo psiquiátrico médico de Big Pharma», critica duramente esto: «Si estaba esquizofrénico, ¿cómo pudo defenderse a sí mismo? Habló por sí mismo en un tono tranquilo y constante».
El profesor cita al propio Domínguez: «Vi un diablo. Como una figura de sombra en la habitación. Era como una figura oscura quieta sin rasgos».
Y agrega: «Otras visiones y síntomas siguieron, culminando en dos altercados en parques locales con lo que Domínguez llamó ‘shadow shape shifters’».
La severidad del caso, según Hamamoto, trasciende lo psiquiátrico y toca lo cultural y metafísico. Sugiere influencias de videojuegos con «shape-shifters» o películas de horror como las de Roger Corman o Wes Craven, pero también conecta con raíces salvadoreñas: la turbulencia de El Salvador, ligada a «narco dólares» y gangs como MS-13 (Mara Salvatrucha), cuya patrona es Santa Muerte, una devoción sincrética indígena-católica que venera la muerte.
«No sé si Carlos Reales Domínguez era practicante de Santa Muerte, si su familia lo era, si su comunidad de salvadoreños en Oakland estaba inmersa en ello», reflexiona Hamamoto, enfatizando la severidad al vincularlo con «religiones que no son necesariamente amigables con la vida, especialmente cuando adoran a una santa llamada Santa Muerte».
Hoy, 20 de enero de 2026, el caso de Carlos Reales Domínguez vuelve a la corte en Woodland, California. Aunque inicialmente programado para iniciar el segundo juicio, reportes recientes indican un retraso en diciembre de 2025 debido a problemas médicos en la fiscalía, con una audiencia para fijar nueva fecha.
Domínguez permanece en custodia, y la fiscalía introduce una nueva teoría: psicosis inducida por cannabis, cuestionando si el consumo de THC alto desencadenó los delirios. Hamamoto advierte sobre la severidad persistente:
«Hay una posibilidad de que Carlos Reales Domínguez camine libre. No solo estaba siendo un listillo. Les estoy diciendo algo que ha sucedido más de una vez en el pasado».
Este caso de Carlos Reales Domínguez ilustra los desafíos de la diáspora salvadoreña: trauma migratorio, integración fallida y colisión con sistemas que no comprenden contextos culturales. Como dice Hamamoto, «esto es vida o muerte porque si era condenado por asesinato en primer grado dos veces, eso podría significar la pena de muerte para él en California».
Para la comunidad 503 en el exterior, es un recordatorio sombrío de cómo el sueño americano puede mutar en pesadilla, influido por sombras del pasado y delirios del presente. El debate continúa: ¿delirio psiquiátrico o algo más profundo, quizás arraigado en las raíces salvadoreñas? La justicia estadounidense decidirá, pero la diáspora observa con preocupación.
![Carlos Reales Domínguez durante su comparecencia en corte, donde alegó ver "sombras" y "cambiaformas". Foto: [Cortesía].](https://ladiaspora503.online/wp-content/uploads/2026/01/la-diaspora-503-noticias-news-El-Salvador-14-1.jpg)




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