
Un evento benéfico tomó un giro inesperado cuando un asistente pagó $4,000 por una guitarra acústica firmada por Taylor Swift, solo para destruirla públicamente minutos después. El hecho, fue grabado en video y se difundió rápidamente en redes sociales, generando miles de reacciones y un intenso debate sobre el valor simbólico de los objetos de celebridades.
El comprador, cuya identidad sigue sin confirmarse, recibió el instrumento en el escenario y, sin mediar palabras, tomó un martillo y comenzó a golpearlo hasta reducirlo a pedazos. Mientras algunos espectadores reían nerviosos, otros mostraron asombro y rechazo ante el acto. Las opiniones en redes están divididas: hay quienes ven en esto una crítica política o cultural hacia la artista, y otros lo califican como un despilfarro innecesario y una falta de respeto al legado musical.
La polémica que sacudió las redes
El video del momento —donde el hombre sonríe mientras destruye la guitarra— se convirtió en trending topic en horas. Plataformas como X (Twitter) y TikTok ardieron con comentarios: desde quienes aplauden el gesto como un acto de «rebeldía» hasta quienes lo tildan de irresponsable por malgastar recursos que podrían haber ayudado a causas sociales.
Aunque ni Taylor Swift ni los organizadores de la subasta han emitido un comunicado oficial, fuentes cercanas al evento confirmaron que el dinero recaudado seguirá destinándose a la obra benéfica original. Esto, sin embargo, no ha calmado la indignación de los fans, quienes exigen una explicación pública sobre las motivaciones del comprador.
El incidente también ha reabierto la discusión sobre el coleccionismo extremo y los límites del activismo. Mientras algunos ven en este acto una forma de protesta, otros lo consideran un show barato para llamar la atención. Lo cierto es que, más allá de las intenciones, el impacto mediático ya está garantizado: el mundo entero habla de lo ocurrido, y el debate sobre el valor de lo simbólico sigue abierto.
Las autoridades del evento reiteraron que, pese a la destrucción del objeto, el fin solidario de la subasta no se verá afectado. Sin embargo, el episodio deja una pregunta en el aire: ¿Hasta dónde llega el derecho a destruir algo valioso en nombre de una idea?

